El camino de Manny Ramírez hacia el Salón de la Fama de Cooperstown por la vía tradicional llegó a su fin. Tras 10 años consecutivos en la boleta de votación, el extoletero dominicano no alcanzó el 75 % de los votos requeridos. Conforme a las normas del Salón de la Fama, su nombre dejará de aparecer en las papeletas a partir de la Clase 2027.
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Ramírez se convierte en uno de los casos más complejos y debatidos en la historia reciente del proceso de selección. Dentro del terreno, construyó una carrera digna de Cooperstown; fuera de él, sus decisiones terminaron por afectar de manera determinante su candidatura.
Un currículum ofensivo incuestionable
Los números de Manny Ramírez figuran entre los mejores del béisbol moderno. En 19 temporadas en las Grandes Ligas conectó 555 jonrones, remolcó 1,831 carreras, bateó para promedio vitalicio de .312 y registró un OPS de .996, con un OPS+ de 154. Además, acumuló 2,574 hits y un bWAR de 69.3.
Su palmarés incluye nueve premios Bate de Plata, 12 selecciones al Juego de Estrellas, un título de bateo, dos campeonatos de Serie Mundial y el premio de Jugador Más Valioso de la Serie Mundial. Desde una perspectiva estrictamente deportiva, su trayectoria encaja con la de un miembro del Salón de la Fama.
El peso de las suspensiones
Sin embargo, Cooperstown no se define únicamente por el rendimiento estadístico. Ramírez cargó con un historial negativo bajo la política antidopaje de MLB que resultó decisivo para los votantes.
En mayo de 2009 fue suspendido 50 partidos por el uso de sustancias prohibidas. Dos años más tarde, en 2011, recibió una sanción de 100 juegos, reducida posteriormente a 50 tras un acuerdo entre MLB y la asociación de jugadores. Tras esa segunda suspensión, anunció su retiro del béisbol de Grandes Ligas.
A esto se sumaron episodios de comportamiento conflictivo a lo largo de su carrera, especialmente durante su etapa con los Boston Red Sox, lo que terminó de moldear una percepción pública desfavorable entre los votantes.
Su futuro, en manos de los Comités de Eras
A partir de ahora, el destino de Manny Ramírez quedará en manos del Comité de la Era Contemporánea, encargado de evaluar a los jugadores que actuaron desde 1980 en adelante y que no lograron ingresar por la vía tradicional. Para avanzar en ese proceso, necesitaría al menos cinco votos de los 16 integrantes del comité, un escenario que luce complejo.
Los precedentes de Roger Clemens y Barry Bonds, quienes permanecen fuera del Salón pese a no haber fallado pruebas bajo el protocolo actual, refuerzan la dificultad del panorama para Ramírez, quien enfrenta el agravante de dos suspensiones oficiales.
Un legado marcado por la controversia
Manny Ramírez será recordado como uno de los mejores bateadores de su generación y del béisbol moderno. Sin las violaciones a la política antidopaje, su ingreso a Cooperstown habría sido, para muchos, incuestionable. No obstante, la combinación de sanciones y controversias terminó pesando más que sus extraordinarios números.
El caso de Ramírez reafirma el criterio del Salón de la Fama: el rendimiento en el terreno es fundamental, pero la integridad y la percepción fuera de él también forman parte de la ecuación. En esa balanza, una década después, Manny Ramírez quedó fuera de la inmortalidad por la vía tradicional.
Fueste: ESPN