FILADELFIA — Mientras el presentador invitado del sistema de sonido del estadio, Michael Buffer, lo anunciaba para la final del Derby de Jonrones la noche del lunes, Jordan Walker no pudo evitar sonreír. Buffer apenas había comenzado su presentación cuando el público del Citizens Bank Park empezó a abuchearlo. Prácticamente nadie en Filadelfia quería que Walker ganara. Sin haber hecho nada para provocarlo, se había convertido en el villano.
Pero hay que decirlo: a veces los villanos también ganan. Así ocurrió con Walker, quien se sobrepuso a una lluvia de abucheos para derrotar 12-11 en la final a Kyle Schwarber, el gran favorito de la afición.
Después de que Schwarber conectara 11 jonrones para hacer estallar al público, Walker llegó a su último swing de la final con apenas ocho vuelacercas. Los bateadores que terminan el tiempo reglamentario con un jonrón reciben swings ilimitados hasta que no logren sacar la pelota del parque, y Walker aprovechó al máximo esa regla al disparar cuatro bambinazos consecutivos para superar a Schwarber.
Con ello, se convirtió en el primer jugador de los Cardenales en conquistar el Derby.
Con ello, se convirtió en el primer jugador de los Cardenales en conquistar el Derby.
Para Walker, todo el Derby fue una exhibición del swing renovado que lo convirtió en JMV del Juego de Estrellas. Su primer swing de la noche produjo un cañonazo de 461 pies que pasó por encima del letrero de Liscio’s Bakery, hacia el segundo nivel del jardín izquierdo. Su sexto jonrón viajó aún más lejos: 470 pies, según las proyecciones de Statcast.
Con excepción del dominicano Junior Caminero, quien es un caso fuera de lo común en varios aspectos, ningún jugador de Grandes Ligas ha registrado una mayor velocidad de bate este año que Walker. Es un swing hecho para el Derby de Jonrones. Y el Derby de Jonrones parece hecho para un parque como el Citizens Bank Park, que año tras año figura entre los estadios más favorables para conectar jonrones.