miércoles, 21 octubre, 2026
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Rubén García llama a unir esfuerzos en favor del olimpismo dominicano

Por emorillo

SANTO DOMINGO. – Las elecciones del próximo 2 de diciembre para escoger a las autoridades del Comité Olímpico Dominicano, brindarán una oportunidad de oro para recobrar la confianza, fortalecer la institucionalidad y abrir las puertas a una nueva etapa de armonía, transparencia y compromiso con los mejores intereses del deporte nacional.

La consideración es del presidente de la Federación Dominicana de Boxeo (Fedoboxa), Rubén García, al afirmar que en los años recientes la institución olímpica ha vivido sus peores momentos.

El licenciado en derecho sostuvo que las diatribas y luchas internas han mermado de una manera brutal la imagen y credibilidad del movimiento olímpico. No obstante, García es de opinión que las dificultades también pueden convertirse en oportunidades para rectificar, “reencontrarnos y recuperar el prestigio institucional que todos anhelamos”.

García emitió su opinión a través de una carta pública puesta a circular en la víspera entre sus colegas presidentes de federaciones deportivas y ante la opinión pública nacional, texto que de manera íntegra compartimos en esta ocasión.

EL COMITÉ OLÍMPICO DOMINICANO ANTE UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA: LA ESPERANZA DE UNA NUEVA ERA

Presidente de la Federación Dominicana de Boxeo

El próximo 2 de diciembre, el movimiento olímpico dominicano tendrá ante sí una oportunidad que trasciende la elección de las autoridades que dirigirán el Comité Olímpico Dominicano (COD) durante el período 2026-2030. Será, sobre todo, una ocasión para recuperar la confianza, fortalecer la institucionalidad y abrir las puertas a una nueva etapa de armonía, transparencia y compromiso con los mejores intereses del deporte nacional.

No podemos ignorar que nuestra principal institución olímpica ha atravesado años difíciles, marcados por controversias y enfrentamientos que han afectado su imagen y credibilidad. Sin embargo, estoy convencido de que las dificultades también pueden convertirse en oportunidades para rectificar, reencontrarnos y recuperar el prestigio institucional que todos anhelamos.

Quienes hemos dedicado buena parte de nuestras vidas al deporte recordamos con admiración el legado de figuras como Juan Ulises García Saleta (Wiche), Roque Napoleón Muñoz, José Joaquín Puello Herrera y Luisín Mejía Oviedo, entre otros destacados dirigentes que contribuyeron a construir y proyectar el olimpismo dominicano.

Sus aportes constituyen una referencia histórica que debemos preservar y transmitir a las nuevas generaciones. Honrar ese legado implica trabajar para que nuestra institución vuelva a distinguirse por la unidad, la credibilidad y el respeto a sus principios fundamentales.

Una comisión que renueva la esperanza

En medio de las preocupaciones que rodean nuestro movimiento olímpico, la pasada asamblea de federaciones nos dejó una señal particularmente alentadora: la elección, por unanimidad, de una Comisión Electoral presidida por el doctor Dionisio Guzmán, e integrada, además, por el reconocido periodista deportivo Jorge Torres y el ingeniero Rafael Villalona.

Tres personalidades de reconocida trayectoria, integridad y compromiso con el deporte dominicano, cuya designación constituye una razón legítima para renovar nuestra confianza en la celebración de unos comicios transparentes, imparciales y libres de cualquier maniobra que pudiera empañar sus resultados.

La unanimidad alcanzada en su escogencia no debe interpretarse como una simple formalidad asamblearia. Representa un mandato de confianza y, al mismo tiempo, un compromiso colectivo de respetar su independencia y respaldar sus actuaciones dentro del marco estatutario y legal correspondiente.

Estoy convencido de que estos distinguidos ciudadanos sabrán honrar la responsabilidad asumida, sin dejarse apartar de su misión por presiones, obstáculos o intereses ajenos a la transparencia electoral.

La propia asamblea tuvo la previsión de reconocerles expresamente la facultad de auxiliarse de juristas independientes y de reconocida capacidad profesional para examinar las controversias existentes y contribuir a determinar, con suficiente antelación, la composición legítima del padrón electoral.

Esa decisión reviste extraordinaria importancia. No podemos permitir que cuestiones jurídicas previsibles y susceptibles de ser resueltas oportunamente se conviertan en motivos de confrontación el mismo día de las elecciones.

Preservar independencia de la Comisión Electoral

En mi anterior artículo, titulado «El Comité Olímpico Dominicano ante sus elecciones: certeza jurídica antes de las urnas», expresé mi preocupación por la necesidad de establecer anticipadamente cuáles federaciones y delegados tienen legítimamente derecho a participar en los comicios.

Hoy reitero esa inquietud, pero desde una perspectiva de renovado optimismo.

La Comisión Electoral cuenta con el mandato de la asamblea y con las herramientas necesarias para procurar que las controversias jurídicas sean examinadas y resueltas oportunamente, dentro del ámbito de sus atribuciones.

Por ello, resulta fundamental que pueda ejercer plenamente sus responsabilidades, sin interferencias ni presiones que comprometan su autonomía.

Debilitar una comisión escogida por unanimidad, o propiciar su eventual desplazamiento para trasladar sus responsabilidades a órganos cuyos integrantes pudieran tener intereses directos en la contienda, constituiría un serio retroceso institucional y plantearía un evidente riesgo de conflicto de intereses.

No se trata de formular acusaciones ni de poner en duda la buena fe de nadie. Se trata, sencillamente, de preservar la credibilidad del proceso y respetar la voluntad expresada por las propias federaciones.

Las legítimas aspiraciones de quienes participan en la competencia electoral deben mantenerse claramente separadas de las decisiones relativas a la organización, supervisión y arbitraje de los comicios.

La transparencia no solamente debe existir; también debe inspirar confianza en todos los participantes.

La Comisión Electoral merece nuestro respaldo, pero también nuestra confianza para actuar con absoluta independencia. Su fortaleza debe descansar en la firmeza de sus principios, el respeto a las normas y la legitimidad del mandato recibido.

El deporte como compromiso con nuestra sociedad

El Comité Olímpico Dominicano no es una institución cualquiera. Su misión trasciende la organización de competencias y la representación internacional de nuestros atletas.

El deporte constituye una de las herramientas más nobles y eficaces para la formación integral de la juventud. Promueve la disciplina, la salud física y mental, la convivencia, la superación personal y valores esenciales para construir una sociedad más sana y solidaria.

Detrás de cada atleta existe una familia, una comunidad y, muchas veces, una esperanza de transformación social. Por eso, cuando nuestras instituciones deportivas se fortalecen, también se fortalecen las oportunidades de miles de jóvenes dominicanos.

Quienes asumimos responsabilidades dirigenciales debemos comprender que nuestras posiciones son instrumentos de servicio, nunca privilegios personales. Estamos llamados a contribuir, desde nuestras respectivas funciones, a la construcción de un movimiento deportivo que coloque siempre al atleta y al interés nacional por encima de cualquier aspiración individual.

Naturalmente, en todo proceso democrático existirán diferencias, candidaturas y legítimas aspiraciones. Eso es saludable. Lo verdaderamente importante es que la competencia transcurra dentro del respeto, la transparencia y la aceptación responsable de sus resultados.

No debemos permitir que el pesimismo, las rivalidades o los intereses particulares nos hagan perder de vista esta extraordinaria oportunidad.

El 2 de diciembre debe ganar el olimpismo

Mi mayor aspiración es que, concluida la jornada electoral, independientemente de quién resulte favorecido por el voto legítimo de las federaciones, podamos estrecharnos las manos y reconocer que el verdadero ganador ha sido el movimiento olímpico dominicano.

Que las nuevas autoridades lleguen revestidas de legitimidad, con vocación de servicio, espíritu conciliador y la firme determinación de recuperar la confianza de la familia deportiva y de la sociedad dominicana.

Que quienes no resulten electos comprendan que también desde otras posiciones pueden continuar aportando al engrandecimiento de nuestro deporte.

Y que todos, sin distinción, sepamos colocar los intereses institucionales por encima de nuestras diferencias.

Confío en que el doctor Dionisio Guzmán, Jorge Torres y Rafael Villalona estarán a la altura de este desafío y sabrán honrar la confianza que unánimemente les fue depositada. Su responsabilidad es grande, pero también lo es la oportunidad de contribuir a una jornada electoral que pueda ser recordada como ejemplo de madurez institucional.

Todavía estamos a tiempo de convertir estas elecciones en un verdadero punto de partida para la reconciliación, la renovación y el fortalecimiento del Comité Olímpico Dominicano.

El próximo 2 de diciembre no debería marcar simplemente el comienzo de una nueva gestión, sino el nacimiento de una nueva etapa institucional.

Una etapa en la que prevalezcan la transparencia sobre la incertidumbre, el diálogo sobre la confrontación y el compromiso colectivo sobre los intereses particulares.

Porque, al final, las personas y las posiciones dirigenciales son transitorias. Las instituciones, sus principios y el legado que dejamos a las futuras generaciones deben permanecer.

Que el 2 de diciembre no haya vencedores ni vencidos, sino un solo ganador: el deporte dominicano.

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