viernes, 2 octubre, 2026
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Esta tierra es dominicana desde 1844: lo que las reglas CONCACAF le responden a Isidor

Por Redacción

El fútbol tiene una regla que muchos creen no escrita, pero que sí lo está: la cancha no es tribuna política. La noche del 1 de octubre, en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, Wilson Isidor se la saltó.

Haití nos ganó 4-1 en la fase de grupos de la Liga de Naciones de Concacaf, y conviene empezar por ahí: fueron mejores. Es una selección mundialista y jugó como tal.

Isidor, delantero del Sunderland inglés, marcó dos goles, al 51 y al 67. Hasta ese momento, todo era fútbol. Lo que vino después fue otra cosa. Según recogieron varios medios, el atacante señaló el césped, luego su camiseta, y dijo en francés:

 «L’Hispaniola est Haïti» y «Haïti est ici». La Hispaniola es Haití. Haití está aquí. Lo dijo en Santo Domingo, frente a la afición dominicana. Quien conozca un poco la historia de esta isla entiende por qué esas palabras no cayeron como una celebración cualquiera.

Entre 1822 y 1844 el territorio que hoy es la República Dominicana estuvo bajo el gobierno de Puerto Príncipe, y nuestra independencia del 27 de febrero se proclamó precisamente frente a Haití.

La frontera quedó fijada en el tratado de 1929 y en el protocolo de 1936. Desde entonces, la soberanía de cada Estado sobre su parte de la isla no se discute en ningún foro serio. Aquí entra lo que me corresponde como abogado. ¿Es sancionable lo que hizo? A mi juicio, sí.

Y no por lo que sintamos los dominicanos, sino por lo que establecen las normas que el propio jugador aceptó al saltar a la cancha. Los Estatutos de Concacaf declaran en su artículo 3 que la confederación es neutral en asuntos políticos.

El reglamento de esta Liga de Naciones prohíbe a los jugadores exhibir mensajes políticos «en cualquier idioma o formato» (artículo 17.1). Y el Código Disciplinario de Concacaf, que es la norma que en definitiva decide el caso, considera infracción utilizar «los acontecimientos deportivos para manifestaciones de carácter no deportivo» (artículo 22.2.b) y sanciona a quien «provoque al público en general durante un Partido» (artículo 29). Habrá quien diga que fue euforia, que no hubo mala intención.

En el derecho disciplinario deportivo eso pesa poco. El Código de Concacaf aplica responsabilidad objetiva: la falta se castiga haya sido intencional o no (artículo 7). Tampoco hace falta que el árbitro lo haya recogido en su informe, porque el Comité Disciplinario puede actuar sobre hechos que escaparon a los oficiales del partido y apoyarse en el video. ¿Qué le espera a Isidor? Mi lectura es que lo más probable es una suspensión de dos partidos con su selección y una multa.

El artículo 29 fija para el jugador que provoca al público dos partidos y una multa mínima de 3,000 dólares, que en esta fase del torneo se reduce a la mitad por tratarse de una competición de segundo nivel. Hablamos, entonces, de una multa desde 1,500 dólares.

 Existe un escenario más severo. Si el Comité entiende que lo dicho ofende la dignidad de un país por su origen nacional, el artículo 32 contempla un mínimo de diez partidos.

Hay un detalle procesal que pocos conocen. En este nivel de competición, una suspensión de hasta dos partidos y una multa de hasta 3,500 dólares al jugador no admiten apelación (artículo 91.1).

Si la sanción cae en ese rango, será firme desde el primer día. Conviene aclarar también lo que no va a pasar. El 4-1 no se toca: las protestas solo proceden por hechos con influencia directa en el resultado, y su plazo, de apenas horas, ya venció. Isidor seguirá siendo elegible para Haití, porque eso depende de su nacionalidad y no de su conducta. Concacaf puede abrir el expediente de oficio, pero la Federación Dominicana de Fútbol no debería quedarse esperando.

Tiene una vía clara: presentar una denuncia escrita ante el Comité Disciplinario, con el video y la cobertura de prensa. El plazo para perseguir la falta es de seis meses, aunque lo sensato sería actuar antes de la próxima jornada. Esa es la respuesta que nos honra como país.

No la del insulto en las redes, ni la que mete en el mismo saco a toda una comunidad que vive y trabaja entre nosotros. La soberanía dominicana se defiende mejor con instituciones que hacen valer las reglas que con gritos. Haití ganó en la cancha, y eso se respeta.

Lo que no puede quedar sin respuesta es que se use un partido de fútbol para poner en duda a una nación que es libre desde 1844. Robert J. Martínez es abogado, especialista en derecho deportivo, de la firma Martínez & Báez.

Por Robert J. Martínez

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