En una tarde cargada de simbolismo y dominio absoluto, el relevista de los Padres de San Diego, Mason Miller, volvió a demostrar por qué es uno de los brazos más temidos de las Grandes Ligas. Cerró con autoridad la victoria 8-2 sobre los Piratas de Pittsburgh en el PNC Park, sumando otro capítulo impresionante a su ya extraordinaria temporada.
El derecho, conocido por su recta explosiva, extendió a 26.2 entradas su racha sin permitir carreras, una marca que lo coloca a tiro del récord de la franquicia de 33.2 innings consecutivos impuesto por Cla Meredith. Desde el 5 de agosto de 2025 apenas su segunda aparición tras ser adquirido desde los Atléticos Miller no ha concedido carreras, consolidándose como una pieza clave en el bullpen de San Diego.
Pero más allá de los números, el miércoles también marcó el final de una curiosa racha: luego de retirar a 11 bateadores consecutivos por la vía del ponche, finalmente permitió una bola en juego. Esa seguidilla lo deja empatado en el segundo lugar en la era moderna (desde 1961) junto al venezolano José Alvarado, solo por detrás de su propio compañero de equipo Jeremiah Estrada, quien logró 13 ponches consecutivos en 2024.
La actuación tuvo un significado especial para Miller. Criado en Bethel Park, a unos 30 minutos de Pittsburgh, el lanzador regresó a un escenario que marcó su infancia. De niño asistía regularmente al PNC Park, e incluso compartió allí una de sus primeras citas con quien hoy es su esposa.
“Los sueños se hacen realidad”, escribió recientemente en redes sociales, recordando la última vez que lanzó en ese mismo montículo durante su etapa en la escuela secundaria.
Hoy, esos sueños no solo se cumplen: evolucionan. Con cada salida, Mason Miller reafirma su dominio, su crecimiento y su capacidad de brillar en los escenarios más significativos. Los Padres, mientras tanto, disfrutan de un cerrador en estado de gracia.
Fuente: MLB